Aurora y Ophelia, mis dos grandes amores y mis dos grandes refugios, el yin y el yan, la luz y la oscuridad, sin la una no hubiera existido la otra, sin la una nunca hubiera conocido a la otra. Aurora radiante de cabello rubio, ojos verdes, calurosa y un constante rubor en sus mejillas, Ophelia oscura de cabello negro, ojos grises, fría y de piel blanca, que presenta visos morados como si sólo la luna y la noche hubieran tocado su corporeidad.
Aurora una niña feliz, Ophelia una niña triste, sin la una sería imposible apreciar a la otra. Elyasa –elisa- la contención, la niña-mujer que las contiene para que la una no sea sólo destrucción y la otra, no sólo creación. Dos niñas que claman la atención de un adulto que se haga responsable, una niña-mujer que viene a intervenir, a abrazarlas, a decirles que las cosas son como deben ser y están como deben estar, Elyasa, la que sonríe beatífica, terrorífica y mundanamente porque lleva en sí la iluminación, una promesa divina, el ciclo de las cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario